miércoles, 28 de marzo de 2012

Transgénicos: Del laboratorio a la mesa


Los Alimentos Transgénicos son aquellos que incluyen en su composición algún ingrediente procedente de un organismo al que se le ha incorporado, mediante manipulación genética, un gen de otra especie. Gracias a la Biotecnología se puede transferir un gen de un organismo a otro para dotarle de alguna cualidad especial de la que carece en la naturaleza. De este modo, las plantas transgénicas pueden resistir plagas, sequías, o algunos herbicidas.

Para Juan Felipe Carrasco, Ingeniero Agrónomo y responsable de la "Campaña Contra los Transgénicos" de Greenpeace en España, la «agricultura industrial», que actualmente se nos vende como aquella que produce alimentos para toda la Humanidad, desgraciadamente, está produciendo también daños irreversibles. Según Carrasco "no es cierto que la ciencia esté a favor de los transgénicos", apuntando además que "los que estamos en contra de los transgénicos no estamos en contra de la ciencia del futuro, estamos en contra de la liberación de transgénicos en el medio ambiente". Greenpeace considera que los transgénicos incrementan el uso de tóxicos en la agricultura y la pérdida de biodiversidad, y además los riesgos sanitarios no han sido suficientemente evaluados. Por otra parte, Francisco García Olmedo, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Politécnica de Madrid, piensa todo lo contrario. En su opinión "los transgénicos son la mayor innovación en producción de alimentos que se ha hecho en los últimos 25 años y no ha habido un solo incidente adverso ni para la salud humana ni para el medio ambiente".

No obstante, hay suficientes peligros reales como para afirmar que estos alimentos no son seguros. Junto a los riesgos sanitarios, la amenaza para el medio ambiente es, incluso, más preocupante. La extensión de cultivos transgénicos pone en peligro la biodiversidad del planeta, potencia la erosión y la contaminación genética, además del uso de herbicidas (un importante foco de contaminación de las aguas y de los suelos de cultivo). Otra de las preocupaciones fundadas es el posible escape de los genes transferidos hacía poblaciones de plantas silvestres, relacionadas con los cultivos transgénicos, mediante el flujo de polen. La introducción de plantas transgénicas resistentes a plaguicidas y herbicidas en los campos de cultivo conlleva un elevado riesgo de que estos genes de resistencia pasen, por Polinización Cruzada a malas hierbas silvestres emparentadas, creándose así las denominadas «super malas hierbas», capaces de causar graves daños en plantas y ecosistemas naturales.

Adicionalmente, las plantas transgénicas con características nuevas pueden desplazar a especies autóctonas de sus nichos ecológicos. La liberación de organismos modificados genéticamente al medio ambiente tiene consecuencias a menudo imprevisibles, pues una vez liberados - el animal o la planta - se reproducen y se dispersan por su hábitat, imposibilitando cualquier control.

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